La
cochinilla es la fuente natural del carmín, colorante rojo de gran demanda, es
un insecto que se instala como parásito, e infecta las hojas de los nopales, (planta
rústica y ramificada, con ramas extendidas o inclinadas. Cada segmento tiene
apariencia carnosa, plana y generalmente oval); que en nuestros días se
“cultiva” para obtener los tintes que usa la industria cárnica y cosmética.
Al color
púrpura o escarlata se lo asociaba con la realeza, y el descubrimiento de ese
tinte se atribuye a los fenicios, que lo obtenían de caracoles primeramente y
luego de unos insectos.
Con este
color se teñían las túnicas de los legionarios romanos y luego los de la
realeza europea.

En 1820
llegan desde México a Cádiz 8 nopales cargados de insectos de cochinilla y como
se consiguió una buena cosecha, se buscaron otros sitios donde proliferaran las
plantas; el mejor lugar fue Canarias y desde entonces su economía se basa en la grana.
Actualmente
junto a México (como productor) se encuentra Perú , donde la cochinilla se
utiliza desde la era preincaica para teñir pelo de alpaca y algodón como uno de
los mayores productores de cochinilla a nivel mundial, que produce el 80% de
dicha producción durante todo el año, las tunas silvestres producen entre 40 y
60 kg de cochinilla seca por hectárea y por año; mientras que la cultivada
técnicamente produce entre 150 y 200kg.
La tuna
amarilla es la que mejor tolera el parásito, que se implanta en una bolsita
donde se colocan unas 10 hembras llenas de huevos, de estas bolsitas se colocan
unas 8 a 10 por planta y pasada una semana se retiran las bolsitas. A los tres
meses se cosecha a mano con una escobilla, penca por penca. Esto nos da cuatro
cosechas por año.

Es un producto muy estable. No se han detectado variaciones
en su contenido de ácido cármico en productos almacenados durante 4 años. Su
principal propiedad radica en su enorme poder colorante, que supera
indiscutiblemente al de cualquier otro.
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